MOSCÚ – En un entorno político rígidamente controlado y marcado por la intensificación de las acciones militares, la Federación Rusa ha dado inicio a sus elecciones parlamentarias, un proceso electoral inédito desde que comenzó la intervención a gran escala en territorio ucraniano. La contienda busca renovar la totalidad de los 450 escaños de la Duma Estatal, además de definir múltiples cargos locales y gubernaturas. Sin embargo, analistas internacionales apuntan a la total ausencia de un bloque opositor con capacidad crítica real, debido al exilio o la inhabilitación sistemática de las voces disidentes.
Un reflejo nítido de la naturaleza de estos comicios ocurrió en la localidad de Ryazan, a poco menos de 200 kilómetros de la capital, donde un debate televisado tuvo que cancelarse debido a que ninguno de los seis aspirantes registrados acudió al plató, dejando los podios completamente vacíos frente a las cámaras. Pese a este tipo de incidentes, el Kremlin enfoca sus esfuerzos en proyectar una imagen exterior de normalidad institucional y legalidad democrática.
La jornada de votación se extenderá a lo largo de tres días, implementando fuertemente el mecanismo de sufragio electrónico. Se prevé de manera generalizada que la formación oficialista Rusia Unida, el partido que sostiene las políticas del presidente Vladimir Putin, consolide nuevamente una hegemonía absoluta dentro de la cámara baja del Parlamento.