Conoce la historia Amparo Vargas, una de los beneficiarias del programa de Puntos Comerciales del IPES en Bogotá

Doña Amparo Vargas es reconocida por sus costuras y productos hechos con tela.

Amparo Vargas es parte de los beneficiarios del programa de Puntos Comerciales del Instituto para la Economía Social (IPES) para vendedores informales y emprendedores de la economía popular. Esta mujer tiene como herramienta dos máquinas de coser y un taller de costura en uno de los espacios formales en el centro de la capital, que le permite a ella y su familia, derivar su sustento y generar ingresos.

No parece una exageración. Basta escucharla unos minutos para entender que siempre está pensando en el siguiente proyecto. Mientras conversa, va señalando cada una de las máquinas que ocupan su local en el Punto Comercial Veracruz. No las muestra simplemente como herramientas de trabajo. Para Amparo, cada una de ellas representa un momento distinto de la vida que ha construido durante los últimos años.

Detrás de esa estampadora, de las máquinas y de cada herramienta que hoy ocupa su taller hay una historia que comenzó hace más de dos décadas. Amparo se vinculó al Instituto para la Economía Social (IPES) en 2005, cuando recibió un espacio para desarrollar un negocio de Internet. Tiempo después tuvo que dejarlo para dedicarse al cuidado de su madre, y cuando esa etapa terminó, volvió a tocar las puertas de la entidad. Fue entonces cuando recibió un local en el Punto Comercial Veracruz, ubicado en la calle 17 #4-65 centro de Bogotá, donde lleva cerca de nueve años fortaleciendo su negocio.

Con el paso del tiempo, ese local dejó de ser únicamente un espacio de trabajo. Allí construyó una clientela fiel, fortaleció su emprendimiento y empezó a levantar la casa que está construyendo. Cada nueva herramienta que fue incorporando al taller representó una oportunidad para ampliar los servicios que ofrecía, atraer nuevos clientes y seguir construyendo el futuro para ella y sus hijos.

“Desde que llegué aquí mi vida cambió por completo. Con este negocio saqué adelante a mis hijos, estoy terminando de construir mi casa y sigo trabajando por nuevos proyectos. Llegué con dos máquinas viejitas y hoy tengo cuatro máquinas nuevas, una estampadora, una máquina para pegar broches y muchas herramientas más. Todo eso lo he ido consiguiendo poco a poco”, cuenta.

La palabra tranquilidad aparece varias veces durante la conversación y no es casualidad, pues después de muchos años de trabajo, fue en este lugar donde encontró la estabilidad que durante tanto tiempo buscó y desde donde pudo seguir construyendo la vida que soñaba.

Antes de llegar al Punto Comercial Veracruz, su realidad era muy distinta. Trabajó durante años de manera independiente mientras sacaba adelante a sus hijos. Aprendió confección en diferentes fábricas, perfeccionó el oficio observando a otras personas y fue acumulando una experiencia que hoy le permite realizar prácticamente cualquier arreglo.

 

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