Un fenómeno político similar se observa en diferentes naciones de América Latina, donde líderes de enfoques alternativos lograron llegar al poder tras canalizar el deseo de cambio de la ciudadanía. Sus propuestas de reformas estructurales, firmeza en la seguridad y renovación institucional resultaron altamente efectivas en las urnas. Sin embargo, al asumir sus cargos, estos mandatarios han encontrado que la implementación de sus programas de gobierno requiere conciliar con realidades institucionales y económicas complejas, las cuales suelen ser más pausadas que el ritmo de las campañas electorales.
Varios de estos representantes, quienes coinciden en visiones programáticas, económicas y de seguridad con el expresidente estadounidense Donald Trump, asisten a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Figuras como Javier Milei en Argentina o Daniel Noboa en Ecuador, junto a referentes políticos como José Antonio Kast en Chile, basaron su éxito electoral en discursos de fuerte identidad ideológica y en la promesa de un quiebre con los modelos tradicionales. El desafío actual para estos liderazgos radica en transformar ese sólido respaldo político y emocional de sus votantes en soluciones institucionales y de gobernabilidad a largo plazo.